Entrenador: Las claves para mejorar

Pues sí, soy entrenador.

Mi trabajo es orientar a deportistas en su día a día para ayudarlos a alcanzar sus objetivos… pero lo confieso, también  necesito el apoyo de un tercera persona a la hora de llevar mi preparación: MI ENTRENADOR, Diego Álvarez. Estoy seguro que fue una de las claves de mi adaptación al triatlón y gran parte de mis éxitos son suyos también.

Parece mentira, pero hasta que terminó mi etapa como ciclista pro, no había descubierto la importancia de tener a tu lado una persona que te guíe y que analice las cosas con un poco más de perspectiva. Siempre me apasionó el mundillo de los entrenamientos, y fui aprendiendo a entrenar de manera bastante autodidacta a base de ensayos error/acierto, orientando posteriormente mis estudios hacia este campo. Pero ahora, con el tiempo y un poco más de perspectiva veo los errores cometidos, no me arrepiento ya que aprendí muchas cosas, pero estoy seguro que tener alguien al lado realmente implicado y que me guiara en determinados momentos,  me habría evitado bastantes pasos en falso.

Afortunadamente, a día de hoy llevo ya casi 5 temporadas trabajando con mi preparador,  Diego, tiempo que me permite analizar con un poco de perspectiva los puntos importantes de la figura del entrenador para un deportista ya formado (evidentemente en alguien que empieza de cero su valor es de vital importancia) y las claves que me permitieron adaptarme a una nueva disciplina ya pasados los 30 años:

Clave nº1: NO TENER MIEDO AL CAMBIO.

Tener una persona que te oriente y confiar plenamente en su criterio me llevó a probar nuevas formas de entrenar, cambiar profundamente el método  y  enriquecerme tanto como preparador como deportista. Cuando llevamos muchos años entrenando  tenemos la tendencia a caer en dogmatismos  pensando que nuestra forma de trabajar es la mejor.  Probablemente nos estemos equivocando, simplemente es la manera de trabajar que conocemos. Tener la suficiente humildad para aceptar un cambio en el método  puede ser el soplo de aire fresco que necesitamos.

Evidentemente no vamos a renunciar a toda nuestra experiencia acumulada a lo largo de todos estos años, pero creo que tener la capacidad de dejar de lado prejuicios y miedos, lanzarnos a lo desconocido para posteriormente rescatar cosas que echemos en falta y así enriquecer y adaptar la forma de trabajar con nuestras características, puede sacarnos de ese estancamiento en que llevamos sumidos durante tanto tiempo.

CLAVE nº2: EL VALOR DE LA OBJETIVIDAD.

Tener un punto de vista externo desde el que  analizar las cosas con un poco más de distancia ayuda mucho para sacarnos la venda que llevamos en los ojos y así corregir errores que están ahí, que en el fondo tenemos localizados, pero que muchas veces no queremos ver. Normalmente la lucha por alcanzar nuestros objetivos, nos lleva a entrar en una espiral de querer más y más… este aumento de la implicación puede acabar nublando nuestra visión de la realidad, en este aspecto la figura del entrenador es clave. Tener alguien que nos controle “desde fuera”  y que te frene, apriete o redireccione hacia el camino correcto, es de suma importancia.

Uno de mis principales problemas como deportista cuando preparaba un objetivo, era el de perder la perspectiva, y a medida que se acercaba la fecha señalada los descansos me parecían muchos y el trabajo poco. RESULTADO: Mis mejores resultados siempre estuvieron justo después de mis grandes objetivos. Una vez pasado el objetivo, me relajaba un poco, levantaba el pie y era ahí cuando realmente supercompensaba y el motor funcionaba. Al hacer revisión a final de temporada lo veía claro, pero la euforia del momento me cegaba (de hecho aún tengo ese defecto) y no me lo dejaba ver con la claridad necesaria.

CLAVE Nº 3: SALIR DE LA ZONA DE CONFORT.

Este punto es muy importante para los que buscamos rendimiento. Cada persona tiene unas características propias y normalmente nos gusta un tipo de trabajo: aquel en el que nos sentimos más cómodos, dejando relegado a un segundo plano las capacidades que nos resultan menos naturales y nos cuestan más… que además suelen ser en las que menos rendimos. De esta manera, de manera natural, tendemos a  reforzamos nuestros puntos fuertes y dejar de lado los puntos débiles, aumentando nuestros desequilibrios y alejándonos del perfil ideal al que tenemos que aspirar de deportista compensado.

De esta manera, por ejemplo, el corredor resistente disfruta de las tiradas largas a ritmo y tiende a esquivar el trabajo de velocidad de intervalos cortos a altas intensidades. Ahí es donde entra en juego la figura del preparador intentando equilibrar esta tendencia e intentando camuflar este tipo de trabajo en la medida de lo posible para que poco a poco le resulte más natural y “aprenda” a disfrutar y tolerar este tipo de esfuerzos.

CLAVE Nº 4: LA IMPORTANCIA DE TENER UN COMPAÑERO EN EL CAMINO.

En un determinado momento, el simple hecho de tener una persona a la que contarle lo que crees que va bien, mal, tus preocupaciones, miedos….nos permiten por un lado, realizar un ejercicio de reflexión en voz alta e indirectamente  aclararte tú mismo las ideas. Y por otro te permite quitarte un poco la presión de tener que decidir en momentos difíciles. La clave por parte del preparador es escuchar y tener en cuenta las sensaciones y demandas del deportista, y por parte del deportista confiar plenamente en el criterio de la persona que te lleva.

Parece mentira, pero el simple hecho de tener alguien que escuche tus problemas y dudas, hace sentirte más seguro y confiado.

Y tú ¿Qué le pedirías a tu entrenador?

Gustavo Rodríguez – Entrenador de Triatlón en Mr. Fahrenheit.

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